La última sesión de la tarde del tercer día de la 55ª Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, celebrada en el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) de Madrid, se adentró en un registro distinto: el del lenguaje audiovisual y su capacidad para despertar la fe. Bajo el título «Jesús ante las tempestades de la vida», el laico Gabriel López Santamaría, responsable de “Católicos en red”, presentó la serie The Chosen como un camino contemporáneo para redescubrir la figura de Cristo y su fuerza transformadora en medio de las crisis personales y eclesiales.
Mirar la realidad sin maquillaje ni nostalgia
Desde el primer momento, López Santamaría colocó el foco no en la serie como fenómeno mediático, sino en la mirada espiritual que provoca. “Nos han convocado para hablar de esperanza —comenzó—, lo cual ya tiene mérito en tiempos donde muchas comunidades viven el cansancio, la escasez y la incertidumbre del relevo”. Con un estilo directo, cercano y cargado de humor fino, describió dos tentaciones habituales en la Iglesia: el maquillaje de la realidad y la nostalgia del pasado. Ni uno ni otra, subrayó, son caminos evangélicos. Jesús, recordó, “no trabajaba desde la negación ni desde la añoranza, sino abriendo dentro de la tormenta una posibilidad nueva”.
A partir de esa clave, el conferenciante propuso un recorrido por diversas escenas de The Chosen a modo de “iconos de esperanza”, a través de seis pasajes bíblicos que reflejan cómo Cristo se hace presente en las noches estériles de la vida y de la vocación.
De la esterilidad a la confianza
El primer clip mostraba la pesca milagrosa, símbolo de los momentos en que todo parece inútil. “Jesús no llama desde la euforia del éxito, sino desde la noche vacía”, explicó López Santamaría, advirtiendo del peligro de confundir escasez con esterilidad. La pregunta fundamental para la vida consagrada, insistió, no es si hay fuerza suficiente, sino si todavía dejamos que Él entre en la barca.
Después llegó la escena de la samaritana, donde el acento cambió hacia las heridas interiores. “Jesús no empieza por la norma, sino por el deseo”, dijo. Aquella mujer, agregó, representa a tantas personas heridas que solo descubren su misión cuando alguien las mira con esperanza. “Sin encuentro real con Cristo —advirtió—, la pastoral vocacional se convierte fácilmente en captación.”
De la parálisis a la disponibilidad
Siguiendo el itinerario de los evangelios, el ponente trasladó la mirada hacia el paralítico de Betesda, símbolo de las esperas interminables. “Jesús no se conforma con un diagnóstico externo”, subrayó, “nos pregunta: ¿de verdad queréis ser renovados, o preferís seguir explicando por qué no se puede?”. Frente al temor a la pérdida, planteó una llamada a dejarse transformar sin esperar que Dios nos devuelva al pasado, porque el Espíritu “sigue actuando en 2026, aunque no repita los esquemas de 1962”.
La siguiente parada fue la casa de Jairo, donde el miedo a llegar tarde se mezcla con la fe de Verónica. López Santamaría relacionó la escena con la tentación de vivir la misión “desde la urgencia y el miedo”. “Una comunidad puede mantener sus estructuras —dijo—, pero si decide desde el miedo, encoge el corazón y pierde el alma”. La invitación de Jesús, “No tengas miedo, cree”, resonó aquí como un mandato a confiar más allá del cálculo.
De lo poco a la fecundidad
La multiplicación de los panes dio lugar a una hermosa reflexión. “El Evangelio no niega la escasez —recordó—, pero nos prohíbe concluir que, por ser pocos, ya no podemos alimentar a nadie.” A veces, dijo, “la Iglesia confunde tamaño con fecundidad”, olvidando que la fuerza del Reino nace de lo pequeño, de lo disponible, no de lo sobresaliente. En ese sentido, The Chosen está ayudando, según él, a volver a mirar a un Cristo real: libre, desconcertante, misericordioso, exigente y fascinante, capaz aún de suscitar escucha y conversión.
La tormenta y la presencia
El recorrido culminó con la escena de Jesús caminando sobre las aguas, que dio sentido pleno al título de la charla. “La esperanza cristiana —afirmó López Santamaría— no consiste en la ausencia de tempestades, sino en la certeza de una Presencia.” La vida consagrada, añadió, “no necesita frases de optimismo superficial, sino la convicción de que Cristo no abandona la barca, aunque esta crujan las maderas y falten remeros”. Esa presencia, insistió, sostiene todavía hoy la historia, también en medio del miedo y de la fragilidad.
Volver a mostrar al Jesús real
Para cerrar la conferencia, el ponente invitó a los participantes a no temer la disminución ni la crisis, sino a vivirlas como ocasión de transparencia evangélica. “No se nos pide fabricar vocaciones —concluyó—, sino transparentar a Cristo. No se nos pide garantizar resultados, sino fidelidad ardiente.”
El auditorio escuchó seguidamente de boca del ponente que “cuando Cristo aparece de verdad, todavía hoy sucede algo. Todavía alguien deja las redes, vuelve, se levanta o se reencuentra con su vocación.” A través de The Chosen, añadió, “muchos han vuelto a mirar a Jesús con sorpresa”. Y esa, dijo, podría ser también la tarea de la vida consagrada hoy: presentar al Jesús auténtico, aquel que entra en la tormenta y la transforma desde dentro.








