La 55ª Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, que se celebra en Madrid bajo el lema “Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto”, abrió su primera jornada de reflexión con una ponencia que combinó análisis sociológico, hondura espiritual y audacia eclesial, enmarcada dentro del primer núcleo de reflexión, la mirada sociológica. El profesor Fernando Miguel Vidal, doctor en Sociología y profesor de la Universidad Pontificia Comillas, ofreció la conferencia titulada “Encrucijada eclesial, ¿desplome o reconstrucción?”
Una fe que pasa de mayoría a minoría
Partiendo de un diagnóstico sereno pero inquietante, Vidal presentó los datos que confirman el cambio profundo que vive la religión en España. “Por primera vez, menos de la mitad de los mayores de 65 años se consideran católicos, y entre los jóvenes menores de 34 años esta cifra se reduce al 29%”, señaló. “De ellos, solo un 15% se declara practicante. Hoy hay un católico por cada 2,2 personas en España. Sin embargo, casi diez millones rezan cada semana. Hay fe, pero oculta; práctica, pero silenciosa.”
El sociólogo estimó que hacia 2100 uno de cada cuatro españoles será católico, lo que situará a la Iglesia en una posición minoritaria, aunque —advirtió— “las minorías más auténticas son las que transforman la historia”.
Lejos de adoptar un tono pesimista, Vidal interpretó la situación actual como un “kairós”, un tiempo decisivo de oportunidad evangélica: “En Occidente, el cristianismo puede reconstruirse si renuncia al poder, si deja de medir su vitalidad en cifras y descubre su fuerza en lo pequeño, en la capacidad de hablar al corazón”.

Ni desplome ni nostalgias: una comunidad en reconstrucción
El ponente desmontó la lectura catastrofista de la secularización para proponer una mirada más profunda: “El desplome ha sido más interior que externo. Lo que urge no es recuperar influencia, sino reconstruir una fe auténtica, humilde, transparente”.
Vidal recordó que buena parte de los agnósticos y no creyentes en España mantienen, sin embargo, una sensibilidad espiritual: “El 40% de los agnósticos cree en una fuerza sobrenatural y más de un tercio se muestra abierto a lo sagrado. Entre ellos, el 9% lee la Biblia o participa en procesiones. Hay fronteras porosas. Es decir, hay un margen, un tercio de la población, que vive en la frontera de la fe.” Y desde esta constatación, planteó una tarea urgente: “autentificar la fe y hacerla transparente”. No se trata de estrategias para reclutar, sino de dar razones del propio creer: “Una comunidad católica que supere la tentación de recuperar poder y se vuelva más paulina será más dinámica, más libre y más fecunda”.
Un cambio de edad, no solo de época
Para Vidal, el presente no se define solo como un cambio de época, sino como “un cambio de edad”, más radical y ontológico. “Ya no se pregunta por los derechos de los ciudadanos, sino por la definición misma del ser humano: qué es ser hombre o mujer, qué nos diferencia de los animales o de las máquinas”.
Este nuevo contexto, amplificado por la globalización y la cultura digital, “ha anulado la singularidad y la capacidad de diálogo” y convierte en urgencia pastoral el aprendizaje de la conversación con lo diferente: “No sabemos hablar con quien no piensa como nosotros. Hemos perdido la fe en el otro”.
Vidal sugirió que este “desnudamiento de la Iglesia” puede ser providencial: “El poder asusta y no llega al corazón. Solo la vulnerabilidad crea encuentro. El humus de este tiempo —nuestro ‘im-poder’— es perfecto para anunciar el Evangelio”.
Hacia un cristianismo de proximidad
Como claves para reconstruir, el profesor propuso un modelo de cristianismo de proximidad, donde la evangelización brote de lo cotidiano, “de corazón a corazón”. “Quizá la tarea más urgente no sea crear nuevos movimientos, sino aprender a habitar las calles, las fronteras, la vecindad”, dijo.
Reclamó asimismo “fortalecer la formación de los católicos”, una “pastoral de la palabra comprensible”, y una Iglesia eucaristizada, centrada en la comunión y en la pobreza: “Cristo está en lo que cada uno tiene de pobre, y como decía el P. Nicolás, para servir a los pobres nunca formamos fila”.
Vidal concluyó con una afirmación esperanzadora que resume su visión de Iglesia: “La comunidad creyente del futuro será más pequeña, pero más luminosa; más humilde, pero más auténtica. No pongamos la confianza en el poder, sino en la luminosidad de la pequeña asamblea donde Cristo se hace presente y la fe se transmite por contagio de vida.”








