“Concluimos esta 55 Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada dando gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo porque nos han iluminado, confirmado y estimulado a vivir gozosamente nuestra vocación de testigos y profetas en el Pueblo de Dios. Porque nos han consolado haciéndonos gozar del caminar juntos con todas las vocaciones y ministerios eclesiales. Damos gracias porque el Señor nos sigue bendiciendo en la pequeñez y nos llena de esperanza”. Con estas palabras, comenzó el Card. Aquilino Bocos la homilía en la eucaristía con la se clausuró la Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada de este año, sabiendo que todos los asistentes prestaban oídos a la celebración, sabiendo que “la última lección de estas jornadas nos la da Jesús en el Evangelio”.

Con todo lo oído estos días, tras brillantes conferencias, análisis y reflexiones, el religioso claretiano pidió a sus hermanas y hermanos, “más fe, más creatividad, más audacia para llevar adelante la misión recibida”. “¿No nos sorprende que a los once que quedaban fieles, se les encargue ir por todo el mundo a predicar el Reino de Dios?”, interpeló. Del mismo modo, no es de extrañar que, durante estos días, ante el reto de la reducción, hayan aflorado preguntas como: “¿hacia dónde va la vida religiosa?”, “¿qué futuro tiene?”, “¿qué transformaciones tiene que hacer?”, “¿estamos respondiendo al cambio de época?”, “¿qué nuevos paradigmas hemos de implementar?”. Sin embargo, para el prelado, “estos interrogantes no pueden alimentar la introversión”. Por el contrario, “han de ser palancas para la transformación. Tenemos que cambiar el ángulo de visión y situarnos en los escenarios que habitan quienes nos necesitan y se hallan excluidos o marginados porque están esperando de nosotros palabras de esperanza y reales compromisos de solidaridad”.
“Es otra nueva vida religiosa la que aparece en el horizonte”, aseveró Bocos. “En estos últimos cincuenta años se han cultivado las raíces, han caído las hojas, se han podado las ramas, pero el árbol de la vida consagrada, entroncado en Cristo, goza de su lozanía”, concluyó el misionero, haciendo suya la verdad de la exclamación de santa Teresa de Jesús: «¿Qué sería del mundo si no fuese por los religiosos?».








