El Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) inauguró ayer, jueves 15 de octubre, una nueva edición de ‘Los Jueves del ITVR’, su ciclo de conferencias semanales, gratuitas y en formato bimodal: presencial en el Salón de Actos del Instituto y retransmitido por su canal de YouTube. Este año el ciclo se titula ‘Humanidad y dignidad en la era de la IA. Lectura reflexiva de la Encíclica «Magnifica humanitas»’. Hasta el 26 de noviembre, especialistas de distintas disciplinas y centros analizarán los retos, beneficios y dilemas que la inteligencia artificial plantea a la vulnerabilidad y la autonomía humanas desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia.
La primera sesión estuvo a cargo del Prof. Antonio M. Sánchez Orantos, preconizado director del ITVR. Bajo el título «Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Cuatro “llamadas de atención”», presentó el recorrido que seguirá el ciclo. Empezó con una advertencia: aunque ya existen muchos esquemas y primeras reflexiones sobre la encíclica, conviene «dejar transcurrir un tiempo prudencial para favorecer una recepción serena». Por eso se limitó a señalar los aspectos que considera imprescindibles para asimilar bien su contenido.
Primera llamada, la IA no es el centro
La primera advertencia fue metodológica. Así, a ojos del director de esta casa, la urgencia de los problemas que plantea la inteligencia artificial no debe ocultar el eje que vertebra el documento, a saber, la custodia de la dignidad humana. De los 245 párrafos de la encíclica, solo quince tratan específicamente de la IA. Lo hacen sin pretender elaborar una teoría y con una «prudencia humilde», que advierte del error de equiparar esa «inteligencia» con la humana. Estos sistemas, recordó citando el texto, «no viven una experiencia, no poseen cuerpo» ni «tienen conciencia moral».
De esa advertencia nacen, explicó, dos criterios de discernimiento. El primero consiste en distinguir entre estar interconectados y estar verdaderamente comunicados, porque «el riesgo no es tanto que una persona crea que está hablando con otra persona, sino que pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro». El segundo consiste en no considerar la IA moralmente neutra, ya que todo artefacto técnico incorpora «decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza».
Segunda llamada, un sano realismo

En segundo lugar, Sánchez Orantos subrayó la defensa que hace León XIV de un «sano realismo» que evite tanto el idealismo como el cinismo. Ese realismo une la dignitas infinita del ser humano con su humana fragilitas: se trata de aceptar el límite y la fragilidad «sin considerarlos un error que haya que corregir». «Es aquí donde la humanitas se revela verdaderamente magnifica», afirmó.
La encíclica, prosiguió, contrapone la «tentación de Babel» al «camino de Nehemías». La primera es un proyecto de poder uniformador que sacrifica la dignidad en nombre de la eficiencia. El segundo es la reconstrucción humilde y compartida de una ciudad herida. En un contexto de crisis «de sentido, de valores y de democracia», el compromiso ético empieza también por «desarmar las palabras».
Tercera llamada, continuidad con Benedicto XVI y Francisco
La tercera llamada situó Magnifica humanitas en continuidad con los dos pontificados anteriores. Según profesor y religioso claretiano, León XIV hace suyo el diagnóstico de Benedicto XVI sobre la reducción de la razón a razón instrumental y lo convierte en una crítica contundente del paradigma tecnocrático. De Francisco toma la idea de una sabiduría que se construye en diálogo con la alteridad, de ahí la insistencia en «relanzar el diálogo». Ambas tradiciones, añadió, se encuentran a la luz de san Agustín, en la alternativa que plantea la encíclica entre «levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos».

El objetivo, aclaró, no es prohibir ni condenar la IA, sino resituarla dentro de una doble apertura; primero, al Otro y, por consiguiente, a los otros. También invitó a no menospreciar el valor de las decisiones cotidianas, porque «la civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces». Para esa tarea, la Iglesia ofrece su Doctrina Social, que define como un «corpus vivo de verdades».
Cuarta llamada, una mística de ojos abiertos
La última llamada se centró en lo que el director del ITVR considera el núcleo espiritual de la encíclica. Las regulaciones jurídicas y los consensos técnicos son necesarios, pero no bastan. Hace falta una «mística de ojos abiertos». Para el experto, esta mística nace de la encarnación y no permite contemplar la historia como espectadores. Exige preguntarse «quién gana y quién pierde, quién decide y quién queda excluido» en los sistemas que ordenan la vida social. En una cultura de la aceleración y la distracción, añadió, prestar atención al otro se convierte en un acto moral, porque reconoce que el otro «no es un dato, un perfil» sino «una presencia irreductible».
Sánchez Orantos concluyó, con el horizonte del Magníficat que propone la encíclica, que la Iglesia no está llamada a competir con las máquinas, sino a custodiar «la presencia, la responsabilidad, la misericordia y la esperanza de una humanidad verdaderamente magnífica».
Próximas sesiones
El ciclo continuará cada jueves con las siguientes conferencias: PARA AMPLIAR INFORMACIÓN PINCHE AQUI
- 22 de octubre: Julio Luis Martínez Martínez, SJ (Universidad Pontificia Comillas). «Llamadas éticas en la Encíclica. Discernir lo justo en el ámbito de la IA».
- 29 de octubre: Emeterio Chaparro Lillo, cmf. «Dos iconos bíblicos. La Palabra en la Encíclica».
- 5 de noviembre: Sara Lumbreras Sancho (Escuela de Ingeniería ICAI, Comillas). «¿Qué es la IA? Vulnerabilidad humana y algoritmos».
- 12 de noviembre: Íñigo A. Navarro Mendizábal (Facultad de Derecho ICADE). Autonomía humana e IA: beneficios y amenazas.
- 19 de noviembre: Carlos Soria, cmf. El proyecto de vida en el Espíritu presente en la Encíclica.
- 26 de noviembre: María Teresa Compte Grau (UPSA-Fundación Pablo VI). «La presencia de la Doctrina Social de la Iglesia en la Encíclica».








