El «3º. SIMPOSIO SOBRE LAS FAMILIAS ECLESIALES DE VIDA CONSAGRADA», organizado conjuntamente por el ITVD-San Pablo Apóstol y el ITVR, se celebró en Madrid los días 30 y 31 de enero de 2026. El Simposio se enriqueció con la presencia de varias comunidades pertenecientes a Familias Eclesiales y algunos institutos de vida consagrada, tanto de manera presencial como online. Este encuentro propició un clima de receptividad y diálogo sincero que puso de manifiesto el valor de fomentar estos espacios de intercambio académico y sentido de comunidad.
La presente edición reflexionó sobre la dimensión profética de las «Familias Eclesiales de Vida Consagrada», enmarcada en el título «Serán todos discípulos de Dios» (Jn 6,43). La profundización se articuló mediante la metáfora del latido del corazón, desglosado en sus vertientes profética, relacional y misionera que definen esta realidad eclesial.
En este marco, las intervenciones de los ponentes se caracterizaron por su rigor académico y adecuación pastoral, aportando una notable claridad teológica sobre la naturaleza de esta dimensión. Las tres conferencias —a cargo de Ana Isabel Sánchez, representante de la Comisión de Vida Consagrada de la CEE; de Yolanda Rodríguez, secretaria general de la Fraternidad Misionera Verbum Dei; y del P. Antonio Bellella, director del ITVR— abordaron estas vertientes desde las perspectivas bíblica, filosófica e histórica, propiciando un diálogo enriquecedor entre los presentes. A través de una metodología conversacional, el evento concluyó con un coloquio participativo que arrojó claves fundamentales para fortalecer el dinamismo profético en la vida cotidiana.

En la inauguración se contó con la participación de la Hna. Consuelo Csanady Mcewen, directora general de la Familia Eclesial del Hogar de Nazaret. El encuentro nuevamente se vio enriquecido con la grata presencia del P. Aurelio Cayón, Vicario Episcopal dpara la Vida Consagrada de Madrid, quien presidió las Vísperas el viernes 30. Basándose en Santiago 1,2-4 y en la carta que el DIVCSVA ha dirigido a todos los consagrados y consagradas con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, Don Aurelio subraya que el camino de las Familias Eclesiales es un don del Espíritu Santo definido por tres pilares: a) comunión y sinodalidad: la esencia de esta realidad eclesial es caminar juntos —laicos, consagrados y sacerdotes— para que el testimonio de unidad haga creíble el Evangelio; b) paciencia y esperanza: ante las pruebas, la comunidad debe cultivar la paciencia, no como un esfuerzo humano, sino un “dejarse hacer” por Dios para ser “profecía de su presencia” en lugares donde la dignidad está herida; c) misión de apertura: el camino de la familia eclesial siempre va “más allá de sí misma”; su existencia responde a la pregunta “¿para quién eres?”, confirmando que su misión es para el Señor, para los hermanos de comunidad y para los más pobres.

Además, el simposio se vio honrado con la presencia de don Vicente Martín Muñoz, obispo auxiliar de Madrid, quien presidió la Eucaristía el sábado 31. Durante la misma, afirmó que la llamada de las Familias Eclesiales de Vida Consagrada consiste en vivir la comunión eclesial que engloba diversos estados de vida en un mismo espíritu y misión. En su homilía, destacó la riqueza de la complementariedad recíproca entre matrimonio y virginidad consagrada al servicio de la misión, como un signo de esperanza para la Iglesia y el mundo, a imagen de las relaciones de la Trinidad. Así como Jesús hizo con sus discípulos, Don Vicente invita a las Familias Eclesiales a alejarse de la “zona de confort” para ir a la “otra orilla”, remando mar adentro en el Evangelio, en medio de las tempestades —los fracasos en la evangelización, los desafíos vocacionales, la secularización imperante, las dificultades para una presencia evangélica en una sociedad de riesgo— que agitan la barca, pero seguras de la presencia de Jesús que parece dormir. Don Vicente afirma que las Familias Eclesiales están llamadas a ser portadoras de la calma y esperanza –que el Señor infunde– en medio de la sociedad.

Desde la comunión que les une, el ITVD y el ITVR celebran con gratitud y confían con esperanza en que las reflexiones de este encuentro fortalezcan el caminar de todo el Pueblo de Dios.









