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Día 28: EN LA ESCUELA DEL APOCALIPSIS

ITVR | 1ro de abril de 2008  -   

Día 28: EN LA ESCUELA DEL APOCALIPSIS

Introducción: Luis Alberto Gonzalo, cmf

En el día de ayer, 27 de marzo, el tono de la Semana ha ido creciendo en intensidad. Los ponentes, Dres. Senén Vidal y Antonio Pernia ayudaron eficazmente para que así fuese. Nos hicieron entrar en “La Escuela de Jesús”. Dejarnos hacer y configurar por el para tomar una mayor y mejor conciencia de que la Vida Consagrada es y está para significar el Reino de Dios, desde la Iglesia, para el mundo.

Es, sin duda, difícil poner por escrito lo vivido en el Aula Ángel Herrera. No sólo las ponencias son piezas constructivas de formación y pertenencia eclesial, sino que logran crear un ambiente reflexivo y de docilidad a la Palabra de Dios, que es de lo que trata el congreso.

Para la jornada de hoy, día 28, contamos en los talleres de la mañana en las dos sedes de la Semana con los profesores: Senén Vidal y María José Arana.

Por la tarde contamos en el Aula Ángel Herrera con los Dres: Francisco Contreras y María José Arana que abordarán “En la escuela del Apocalipsis y Las comunidades de la nueva Jerusalén, respectivamente.

Mañana será la clausura de la Semana con dos conferencias impartidas por los padres: Camilo Maccise y Josep M. Abella. A continuación S. E. R. el Nuncio de S.S. D. Manuel Monteiro de Castro dirigirá un mensaje a la Vida Consagrada en España reunida en esta XXXVII SEMANA DE VR.

Tras el acto académico con la Celebración de la Eucaristía pondremos punto y seguido a esta 37 edición. La publicación con las ponencias y colaboraciones del congreso está prevista para mayo.


La Palabra en la Escuela del Apocalipsis o El Apocalipsis, lectio divina de Cristo a la Iglesia: Francisco Contreras Molina, CMF)

Introducción

Nos concentramos en lo esencial. No en la apocalíptica, sino en el Apocalipsis: la gloriosa doxología de la Iglesia ante la aparición de un cielo nuevo y una nueva tierra, invadidos por la novedad de Jesucristo, el Cordero degollado pero de pie, el Resucitado, el Señor de la vida. El Ap constituye la definitiva profecía que interpreta a la luz de Dios la historia desde una clave de salvación. De manera cabal, el libro se autodenomina por siete veces -de nuevo, cifra de totalidad- con la expresión las palabras de esta profecía (1,3; 11,6; 19,10; 22,7.10.18).

Desde el toque inicial de la trompeta o comienzo: Apocalipsis de Jesucristo, hasta el último verso o clamor: La gracia de Señor Jesús sea con todos vosotros, el libro se presenta como un apocalipsis o revelación de Cristo. Una extensa glosa a su misterio. La historia se convertirá en destino de salvación, con un desenlace feliz, porque se halla traspasada por la fuerza victoriosa de Cristo, muerto y resucitado. En el Ap queda del todo patente que no se puede entender a Cristo sin la Iglesia, ni a ésta sin Cristo, su Señor absoluto: ambos forman un binomio de reciprocidad, un tú y un yo, que generan una viva comunión ya indisoluble. La Iglesia es purificada de continuo por la Palabra de Cristo, reconocida, juzgada y convertida por la Palabra, animada por la fuerza profética del Espíritu y consolada por la promesa de la victoria. Juntos, Cristo y la Iglesia, van a derrotar el poderío del mal y devolver la esperanza a la humanidad. Ahora bien, la Iglesia será evangelizadora si previamente ha sido evangelizada por la Palabra de su Señor; resultará vencedora si antes ha sido ganada y vencida por la Palabra del vencedor. Sólo una Iglesia convertida por la Palabra será Iglesia testimoniante.

Así lo afirmó hace algunos años el Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi (nº 15). Y apenas unos días, Pascual Chávez Villanueva, en la septuagésima asamblea semestral en la historia de la Unión de Superiores Generales, en sintonía con el Sínodo de los Obispos de 2008 cuyo tema es La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia. En este proceso de la evangelización eclesial, conviene recalcar que no existe otro escrito, que marque un recorrido fiable de la Palabra con tanto énfasis y realismo como el Apocalipsis. Se convierte venturosamente para nosotros en una misteriosa pero eficaz lectio divina.

Se pretende, pues, con esta ponencia renovar el dinamismo de la Palabra. Descubrir y avanzar por los mismos pasos que empleó el Señor con la Iglesia para que la vida religiosa, la familia de los hijos de Dios, se purifique, se convierta, sea testigo del evangelio ante nuestro mundo, y viva de la plenitud de la vida de su Señor. Este camino o lectio divina queda magistralmente señalado en las siete cartas a las siete Iglesias.

I. Las cartas a las siete Iglesias (Ap 2-3)

1. Características de las siete cartas

Un primer acercamiento a los capítulos dos y tres de Ap, donde se encuentran las célebres siete cartas a las siete iglesias, constata con sorpresa la índole peculiar de la narración. En contraste con la fuerte intensidad que domina en el resto del libro, y de la inmediata visión precedente de Cristo (1,9-20), el estilo aparece contenido, atemperado; el tono se hace pastoral, casi homilético; no existen teofanías deslumbrantes, ni combates cósmicos, tampoco se celebran grandes doxologías ni rememoraciones litúrgicas; la presencia de Cristo se impone de tal manera que su interpelación eclesial -circunstancia excepcional en el Ap- llena completamente el largo parlamento..., todo parece insinuar que nos encontramos con un fragmento anómalo dentro del libro.

2. Las cartas explicitan el imperativo de Cristo

Juan, el vidente del Ap, desterrado y solo en la isla de Patmos, va a recibir, durante el domingo o día del Señor, una teofanía de Cristo resucitado (1,9-10). Debe escribir el misterio de la Iglesia: las siete estrellas y los siete candelabros que ha visto (1,20a). Cada una de las siete cartas -prosiguiendo en la órbita del brillante simbolismo a que alude la visión- se presenta a manera de un rayo de luz que brota del rostro de Cristo para alimentar la llama mortecina de la vida eclesial. Struttura a raggiera.

3. Las siete cartas o la carta magna de Cristo a toda la Iglesia

La Iglesia universal se hace presente en cada Iglesia local o particular. La Iglesia se realiza concretamente en las iglesias locales. La Iglesia local de Efeso, Esmirna... no es parte de un todo, ni comunidad de segunda fila, sino que, en apertura a las otras iglesias hermanas, genera la comunión eclesiológica, que constituye la Iglesia universal, designada en expresión típica de Ap las siete Iglesias o, conforme a una certera locución de J.M.Tillard, Iglesia de Iglesias.

II. Camino de la Palabra de Cristo a la Iglesia

Partiendo de la misma disposición estructural de las cartas, de aquellos elementos presentes en todas y cada una de ellas, descubrimos los pasos concretos por donde llega la Palabra del Señor a su Iglesia.

1. Cristo habla a la Iglesia con autoridad divina

El Ap realiza una hermenéutica peculiar. Realiza un transfert teológico: aplica a Jesús los títulos, prerrogativas, funciones, que sólo eran propios de Yahvé en el AT. A través de este recurso interpretativo, tan típico de Ap,la divinidad de Jesús.

Así como Dios se dirigía a su pueblo elegido con su palabra poderosa, del mismo modo Jesús glorificado, investido de autoridad divina, interpela con su palabra a la Iglesia, la que es ahora el nuevo pueblo de Dios en marcha por la historia.

2. El Señor conoce a la Iglesia, la anima y consuela. Sus ojos son llama de fuego

Con la fuerza de su palabra profética, el Señor va a purificar a la Iglesia (Jn 15,3). Entra en la vida de la Iglesia no blandiendo un látigo de cuerdas, como señala el evangelio de san Juan ( 2,15), sino a fuego y espada. Exégesis del primer símbolo que el Apocalipsis aplica a Cristo, el de los ojos como llama de fuego (2,18). Exégesis del verbo oida (2,2.9.13.19; 3,1.8.15). Jesús conoce la vida de la Iglesia y re-conoce su dimensión positiva. Como Yahvé educa a su pueblo (Date cuenta de que el Señor, tu Dios, te ha educado como un padre educa a su hijo, Dt 8,5), así el Señor educa a su Iglesia. La tarea pedagógica del Señor recorre las siete cartas. Es el verdadero Maestro de la Iglesia. La conoce por dentro, la anima y consuela.

3. El Señor juzga a su Iglesia

Cuando las palabras de ánimo se tornan estériles, Cristo la sitia y corrige con su palabra poderosa. La somete a un juicio para que ésta quede del todo depurada. Interpretación del símbolo: espada aguda de doble filo. Se aplica a María, la mártir de la Palabra (Lc 2,35): Aquella palabra que un día albergó en el corazón, ahora como una espada le rompe el corazón. Durante este larga corrección eclesial Jesús arguye, recrimina, echa en cara. Para entender con profundidad esta exigencia de la Palabra del Señor, es preciso recuperar la categoría bíblica del rîb. Estudio bíblico de esta requisitoria de Dios con su pueblo. Este rîb queda de manera magistral retratada en los salmos 49 y 50 (dos salmos gemelos).

¿Dónde -nos preguntamos- ha quedado entre nosotros el vigor de la Palabra del Señor? ¿La lluvia, la espada, la semilla, la carta? A causa de nuestra falta de fe, descuido y negligencia, por culpa de la exasperante rutina que nos aqueja, hemos desbravado la fuerza profética de la Palabra del Señor; la hemos domesticado, debilitado, empobrecido y hecho estéril. ¿A dónde vamos a acudir si ya no nos queda ni la Palabra? Pero el Señor no sólo acusa o echa en cara, ofrece el perdón y concede la energía para la conversión.

4 Exhortación a la conversión. La Iglesia necesita convertirse al Señor

Tal es el objetivo primordial de todo el discurso de Cristo: que la Iglesia se convierta: conviértete, metanoeson. Análisis del imperativo y de su presencia en cada una de las siete cartas.

Aportación del Apocalipsis al tema de la conversión. Convertirse significa:

- un retorno a las raíces, volver al amor primero.

- hacer las obras de Cristo. Obras son amores.

- ir hacia el encuentro del Señor, acoger a quien ya ha venido.

- rendirse a la iniciativa del Señor.

- una actividad dinámica, llena de realismo, que abarca a toda la vida.

- La Iglesia necesita convertirse

5. Cristo habla a la Iglesia a través del Espíritu

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias (2,7.11.17.29; 3,6.13.22). Tanta insistencia y exactitud (siete es la cifra de la plenitud en el Ap) muestra la magnitud de su alcance. Análisis bíblico de la esta formulación original. En su vida terrena Jesús explicaba el sentido profundo de sus parábolas o dichos oscuros a los discípulos. En la Iglesia es el Espíritu quien continúa la función iluminadora de Jesús. Se erige en el intérprete único y hermeneuta válido de todo el mensaje de Jesús para la Iglesia. Esta debe caer en la cuenta de su obligación de ponerse en actitud de escucha sapiencial del Espíritu, porque el Espíritu habla hoy a la Iglesia. El presente legei subraya la modalidad de una acción que se está realizando ahora, en este momento. 6. El Señor anima con su palabra a la victoria

El Señor alienta a la Iglesia que sufre inmersa en la tribulación y la persecución. Para ello ofrece un premio que corone la fidelidad. Estudiando de forma atenta los siete premios de los septenarios a las Iglesias con el resto del libro, se detecta una profunda conexión con la ciudad de la nueva Jerusalén. Mediante esta ilación pretende el Señor mantener a la Iglesia en estado de tensión expectante. La firme esperanza de la victoria final actúa de resorte literario y de acicate que provoca en la vida de la Iglesia una respuesta de fidelidad. Todo el Apocalipsis queda bañado con esta esperanza; puede legítimamente hablarse de una comunidad en trance de victoria, a saber; la Iglesia del Ap es una Iglesia vencedora. Referencias a la victoria en todo el libro: 5,2.5; 6; 7,14; 15,2-3; 17,14; 19,14.

La Iglesia es contemplada como la ciudad de la victoria -en ella se cumplen todas las promesas de victoria antes anunciadas: 21,5;22,2.14.16-, la nueva Jerusalén, que se construye ya en nuestra historia, pero cuya terminación definitiva acontecerá como don exclusivo de Dios (21,2). Quiere el Señor infundir a la Iglesia, a la vida religiosa, con su palabra una moral de victoria.

Conclusión inconclusa

Existe una manera eficaz o estrategia para escuchar, hoy, con fruto la palabra del Señor: la lectio divina del Apocalipsis. Es única y providencial, sumamente original pues el Señor la ha creado e impartido a su Iglesia. La vida religiosa hará bien en acoger y practicar esta lectio divina para poder renovarse, purificarse, ser evangelizada, testimoniante ante nuestra humanidad y participar de la abundancia de la vida divina. Esta llamada urgente a escuchar la Palabra del Señor, queda recogida en el Apocalipsis al final de las cartas a las Iglesias: en el verso más sugerente y enigmático, hermoso y esperanzador, no sólo del libro, sino -me atrevo a señalarlo- de toda la Biblia (3,20). Es resumen apretado de toda la revelación de Dios o Dei Verbum. Breve comentario de este verso:

- La petición de un pordiosero

- La súplica del Señor: Si alguien escucha mi voz

- La Palabra escuchada culmina en la eucaristía

- Un cuadro y un poema.

H. Hunt ha pintado Light of the World: la súplica de quien está de pie a nuestra puerta, nunca se va. Y un poema: recreación de las ansias de la amada del Cantar de los Cantares, símbolo femenino de toda espera creyente en el Señor, que quiere que escuchemos su Palabra.


La Vida Religiosa a la Escuela del Apocalipsis: Comunidades de la nueva Jerusalén, de la nueva tierra: María José Arana, RSCJ)

0. Saludos y agradecimiento

Ruah, Ruah, aliento de Dios en nosotros/as

Ruah, Ruah, espíritu de nuestro Dios.

El Espíritu de Dios en nosotros/as,

derriba los muros antiguos,

construye una nueva creación,

levanta la Ciudad de Dios.

Ruah, Ruah, aliento de Dios en nosotros/as

Ruah, Ruah, espíritu de nuestro Dios.(Ain –Karem)

1. A la escuela del Apocalipsis

2. El sentido escatológico de la vida religiosa 3. El Apocalipsis vivido

4. Señales y caminos desde imágenes escatológicas: “Mirad, he aquí que todo lo hago nuevo” (Apoc. 21, 1-2).

a) Cielo nuevo y Tierra nueva (Apoc. 21, 1)

b) El nuevo árbol de la vida (Apoc. 22, 2)

c) Nuevo Pueblo (Apoc. 21, 2.-8)

d) Nuevo Hogar, nueva ciudad (Apoc. 21, 10-21)

e) Nuevo Tabernáculo-nuevo Templo (Apoc. 21, 3 y 22)

f) …Las puertas de Jerusalén

g) La Nueva Jerusalén, la Esposa Nueva (Apoc. 21, 2- 9)

5. Testigos de la Esperanza

Ruah, Ruah, aliento de Dios en nosotros/as

Ruah, Ruah, espíritu de nuestro Dios.

La creación entera danza

y entona un alegre canto,

belleza de días eternos

alabanza de nuestro amante Dios.

Ruah, Ruah, aliento de Dios en nosotros/as

Ruah, Ruah, espíritu de nuestro Dios.

(Ain Karem)

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Domingo, 18 de Mayo del 2008

¿Qué es el XXXVII Semana Nacional de Institutos de Vida Consagrada: "En la escuela de la Palabra".?

Queremos invitar a las comunidades e institutos a convertirse en "escuelas de la Palabra" teniendo en cuenta algunos bloques fundamentales de la Palabra de Dios: la Sabiduría, la Profecía, Jesús, la Apocalíptica. También proponemos que sean "escuelas abiertas" donde acontezca un "aprendizaje conjunto" -con otras y otros- de la Palabra.

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